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El short de Holanda

A diferencia de las canchas de paddle, los parripollos, los antros de camas solares, y los tenedores libres, los lavaderos automáticos han logrado atravesar ilesos la barrera del siglo veintiuno. Han resistido los embates de las casas de electrodomésticos (que cada vez ofrecen más cuotas para comprar un lavarropas), la ofensiva del gobierno (que ha subido la luz y triplicado el impuesto inmobiliario) y la crisis de que la clase media (que cada vez es más pobre) con firmeza extraordinaria.

Personalmente, creo que su éxito se debe a dos motivos: el primero es que todavía existe gente como yo, demasiado vaga para lavar y planchar su ropa, y el segundo, es que junto con los abogados, los lavaderos son el gremio más negador que existe.

No sé si ustedes habrán observado, pero en los lavaderos, cada vez que un cliente pregunta cómo mancharon, perdieron o destiñeron su ropa, los empleados hacen todos lo mismo: abren los ojos bien grandes, ponen cara de sorpresa, y dicen que ellos lo recibieron así. Funciona perfecto. En nueve años, jamás supe de alguno que se quebrara y confesara que metió blanco y rojo todo junto, o que le mandó a la familia Pandolfi las medias de la rubia del 3°C.

Aunque el cliente tenga un ataque de nervios entre sus bolsas y aunque toda la evidencia los señale a ellos, los empleados repiten las mismas preguntas como robots: “¿Estás segura de que lo mandaste?” ¿Lo habrás puesto con algo que destiñe?” “¿Querés que pregunte? Pero acá no se mezcla la ropa de los clientes”.

Según ellos, a pesar de que manejan tres mil kilos de ropa de cien casas diferentes todos los meses, lo más lógico es pensar que la ropa se perdió en el canasto que está adentro de tu placard. Y aunque ellos manejen poderosos quitamanchas, jabones, planchas a vapor y vos no tengas más que una botella de detergente en la cocina, la ropa la desteñiste vos.

Esta técnica, que a primera vista, parece un síntoma de irresponsabilidad, es en realidad la creación de una sofisticada logia de caraduras agremiados, y en consecuencia, una técnica de subsistencia perfecta. Mientras los médicos aseguraban que el paddle destrozaba los meniscos o que la cama solar daba cáncer y fundían un negocio tras otro, los lavaderos siguen perdiendo ropa impunemente porque nadie puede probar lo que pasa adentro del lavarropas.
Pero como cualquier sistema, este también tiene su talón de Aquiles, porque después de nueve años padeciendo el síndrome de la camisita voladora, un día te aparece un short de la selección de Holanda entre tu ropa, y si bien no recuperás tus prendas, tenés la prueba irrefutable de que mezclan y pierden mucha pero mucha ropa.

Carolina
Sí, hola, yo vine la semana pasada y te pregunté por una camisa
Oxford celeste que me desapareció… ¿Te acordás?

La empleada arqueó las cejas, puso la cara de siempre, y miró a los dueños con fingida sorpresa.

Empleada
Acá no está, no hay ropa perdida.

Carolina
Pero yo estoy segura de que la traje. Me acuerdo el momento preciso
en que la puse en la bolsa… Además, es una camisa tan clásica,
tan común, que es muy fácil confundirse…

Empleada
Mirá, es imposible porque nosotros no mezclamos la ropa.
Cada bolsa es 1 lavado.

Carolina
Entiendo, no mezclan ¿Entonces me podés explicar por qué
hoy me llegó un short de Holanda  entre mi ropa?

Le dije y saqué el short de la cartera como quien saca una pistola para disparar. La empleada hizo un movimiento que no había visto antes, el doble arqueo de cejas, y lo inspeccionó, como si en la textura de sus fibras se hallara, encriptada en un lenguaje de lavadero, la procedencia de la prenda. En ese momento, la esposa del dueño se acercó también para opinar.

Dueña
Qué raro. ¿Estás segura de que vos no lo trajiste?

La miré estupefacta unos segundos. Siempre me causó miedo y admiración al mismo tiempo la gente que niega hasta últimas consecuencias. Son como un samurai de la mentira, ellos mueren con sus disparates, no se rinden jamás.

Carolina
(Estupefacta)
¿Cómo lo voy a traer yo si no es mío?

Dueña
Quizás es de tu marido.

Carolina
No, no es.

Dueña
¿De un amigo o un familiar que lo pueda haber dejado en tu casa?

Carolina
Mirá, nadie se saca shorcitos en mi casa. Es de otro cliente tuyo
que probablemente haya venido ayer a pedirte su short de Holanda
y vos le hayas dicho que no habías visto un pantalón naranja en
tu vida, para despistar. Este short me lo metiste vos por
error en mi lavado, al menos te pido que no me trates de loca.

Dueña
Si es así te pido mil disculpas

“Si es así” me dijo la turra, mientras trataba de guardarse el short.

Carolina
Sí, es así. Y con disculpas no hacemos nada. Esto (le digo, mientras
le vuelvo a sacar el short) prueba que así como le perdiste este short
a alguien, me perdiste mi camisa la semana pasada. Sí mezclan ropa.
Sí la destiñen. Sí la pierden. No entiendo por qué no lo reconocen y
piden disculpas.

Dueña
Ya te pedí disculpas, se trata de un error humano.

Carolina
Perder una camisa es un error humano. Perderla y tratarme
de loca cuando te lo reclamo, no es un error. Es a propósito.

El dueño se acercó, intrigado. En general, no sé por qué, cuando una pareja tiene un negocio, él es bueno y conciliador y ella una vieja pendenciera y amarreta. Si tuviéramos un negocio, mimarido y yo seríamos exactamente igual.

Dueño
Mirá, te pido disculpas. Si te parece bien, no te cobramos
los próximos cinco valets que traigas.

Carolina
Ok. Me parece bien. Pero el short de Holanda me lo llevo.
Cuando el dueño lo venga a reclamar, que lo pase a buscar
por mi casa.   Quiero que se empiece a esparcir por el mundo
la noticia de que ustedes pierden la ropa de los demás.

3 Comentarios

  1. 1) Flor

    Que pasó??? te olvidaste de bloquear los comments de la nueva página!!!…bueno menos mal que solo fué una mudanza pensé que nos habíamos quedado sin peleadora….que quizás alguien te había dado batalla y por fin te había ganado.
    Saludos!

  2. 2) dIEGO

    Hola, me encanta tu weblog.yo recien ayer empece con algo propio sin ningun fin, solo contar anecdotas, ver, contar y comparar situaciones , a veces serias y gralmente. graciosas.esta pagina tuya me hizo reir tanto y la disfruto tanto…yo estoy viendo otras blogs para mas o menos ver como se arman…y no mandarme una macana.bueno, espero que si podes me respondas y todavia, de caradura que soy, le pido unno que otro consejito.gracias por leerme!
    Diego

  3. 3) Camila

    Un amigo tiene un lavadero y los gitanos le roban ropa de las bolsas cuando se descuida…